El comunismo no es una amenaza: es una industria parásita que se nutre de los errores que comete Occidente.
John Le Carré: The Russian House
...es singularmente notable una de las medidas decretadas por la Comuna, que Marx subraya: la abolición de todos los gastos de representación, de todos los privilegios pecuniarios de los funcionarios, la reducción de los sueldos de todos los funcionarios del Estado hasta el nivel del «salario de un obrero». Allí es donde se expresa de un modo más evidente el viraje de la democracia burguesa hacia la democracia de las clases oprimidas, del Estado como «fuerza especial» de represión de una determinada clase hacia la represión de los obreros y los campesinos. ¡Y es precisamente en este punto tan evidente —tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión del Estado— en el que las enseñanzas de Marx han sido más relegadas al olvido! En los comentarios de popularización —cuya cantidad es innumerable— no se habla de esto. «Es uso» guardar silencio acerca de esto, como si se tratase de una «ingenuidad» pasada de moda, algo así como cuando los cristianos, después de convertirse el cristianismo en religión del Estado, se «olvidaron» de las «ingenuidades» del cristianismo primitivo y de su espíritu democrático-revolucionario (Lenin, El Estado y la Revolución, 1917:II, 32).
Esa máquina, llamada Estado, ante la cual la gente se detiene con respeto supersticioso, dando fe a los viejos cuentos de que es el poder de todo el pueblo, el proletariado la rechaza, diciendo que es una mentira burguesa. Nosotros arrebatamos esta máquina a los capitalistas y nos apropiamos de ella. Con esta máquina o garrote destruiremos toda explotación; y cuando en el mundo no haya quedado la posibilidad de explotar, no hayan quedado más propietarios de tierra y de fábricas, no ocurra que unos se hartan mientras otros padecen hambre, solamente cuando esto ya no sea posible, entonces arrojaremos esta máquina al montón de la chatarra. Entonces no habrá Estado y no habrá explotación. Este es el punto de vista de nuestro Partido Comunista (Lenin, Acerca del Estado, 1919:III, 274).
El cañón truena, los miembros vuelan. Se oyen el gemido de las víctimas y el rugido de los sacrificadores. Es la humanidad que lucha por su felicidad (Baudelaire, sobre la Revolución de 1848).
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