Repitió su rutina de todas las noches. Encendio su computdora; miró el monitor, abrió su mail. Nada. Vacío. Seis meses y nadie le había escrito. Cerró el correo. Tomó su celular del portador incrustado en la precilla de su pantalón y revisó. Ningún mensaje nuevo. Ni una sola llamada perdida. Cero mensajes recibidos...Seis meses. Se sentía muerto. Entró de nuevo a internet, escribió a su familia y amigos. Después marco a esa su casa, de la que lo separaba un mar completo. Nadie contestó. Una semana después. No hay repuestas. Solo.
1 comentario:
y sola también.
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